La noche es símbolo de la oscuridad, de lo desconocido, de la falta de esa luz que no podemos encontrar si no tenemos una lámpara y un compañero de viaje en el camino. La noche es la que envuelve nuestro planeta, herido y vulnerado por las luchas fratricidas, por las guerras que se siguen organizando por ansias de poder y de dinero. La noche es donde viven millones de personas que ya no tienen voz para clamar por las injusticias y la opresión.

¿Y nosotros? ¿Cómo podemos seguir creyendo en ese mundo renovado que no se manifiesta según nuestras expectativas? ¿Cómo reconocer las señales de lo bueno que hay en las relaciones cotidianas? Son preguntas a las que no siempre sabemos responder, pero que nos instan a buscar un compañero de viaje que muchas veces no vemos, a reconocer la necesidad universal de una espiritualidad específica del ser humano y que puede hacerse presente si entre nosotros se experimenta el amor mutuo.

A veces son breves destellos de luz, que brillan de las formas más inesperadas, incluso a través de las redes sociales, los que iluminan la noche. Como la historia de Chiara Badano y Sara Cornelio, dos amigas en el tiempo.

Sara, nacida en 1998, poco más que una niña, "conoció" a Chiara, fallecida a los 19 años en 1990, en uno de los muchos encuentros que cuentan su extraordinaria historia de vida. La descubre como amiga, compañera de sueños, confidente y de fuerte presencia. Sara es una niña que vive, canta, baila, estudia, tiene amigos, crece, fascina. Sara, al mismo tiempo, vive el día a día de una enfermedad congénita que, no sólo en sentido figurado, "te deja sin aliento". Vive en la certeza de que "el amor todo lo vence" (su tesis final); vive el don del trasplante de pulmón, y se convierte en un don en sí mismo, del que dará testimonio con libros, encuentros en las escuelas, piezas musicales y cortometrajes, un blog, una representación teatral.

Vive su maravillosa familia, enamorándose y amándose. Su muerte en 2022, cuando ni siquiera tenía 24 años, deja consternados y más solos a todos aquellos que la amaban, incluso simplemente conociéndola en Facebook.

En su apasionante paso por esta tierra, Sara tiene en Chiara una amiga siempre íntima que acompaña, anima, sostiene y que se "revela" en los momentos y ocasiones más impensables: una amiga que sabe "estar al lado" tanto en la alegría cristalina como en el dolor y la soledad de un hospital o de una unidad de cuidados intensivos.

En los últimos momentos, de soledad y debilidad, la presencia de Chiara se vuelve misteriosamente silenciosa, casi esquiva pero quizás por eso más auténtica y destinada a convertirse en una amistad "para siempre".

Chiara y Sara: únicas, como cada historia es única.