¿Estamos contentos de vivir en un mundo donde domina "la ley del más fuerte"? ¿Dónde, para tener éxito, hay que aplastar o someter a los demás? ¿Dónde miramos a los demás con desconfianza y, por miedo a perder lo que tenemos, levantamos barreras físicas o invisibles? ¿Nos resignamos a dejar pasar los días sin esperanza, sin encontrar sentido a lo que vivimos? Y de nuevo: ¿es esto realmente vivir plenamente?

En un mundo complejo e incierto, tenemos la oportunidad de ser portadores de una nueva forma de concebir la vida. Pero para hacer esto, primero necesitas experimentarlo. ¿Como?

Nacimos, sin haberlo pedido, con habilidades que nos fueron dadas: hay quienes tienen facilidad para comunicarse, quienes poseen sensibilidad artística y creativa; todos tenemos algo de inteligencia y es posible que la vida nos haya ofrecido oportunidades únicas para desarrollarnos. La pregunta es: ¿qué hacemos con todo esto? Tenemos dos opciones: utilizar estas habilidades sólo para nuestro beneficio personal, disfrutando de lo que nos ofrecen, o ponerlas al servicio de los demás y compartirlas.

Quizás la segunda opción no nos garantice una ganancia económica inmediata -la que hoy parece ser el principal motor del mundo-, pero sin duda nos permitirá contribuir a la construcción de una realidad diferente: un mundo en el que la competencia no sea un fin en sí mismo, sino un medio para mejorar y crecer juntos.

Esta no es una realidad impuesta, sino un proceso que comienza en las relaciones diarias y en las elecciones que cada uno hace cuando decide actuar. Las personas que viven así demuestran, con hechos, que el cambio es posible. Allí donde actúan, hacen visible un nuevo paradigma y muestran que este cambio está cerca.

Con humildad compartimos lo que somos y lo que tenemos; acompañamos y ofrecemos afecto a quienes necesitan de nuestro calor y cercanía, aliviando el sufrimiento cuando sea necesario; vivamos juntos aquellos valores que pueden ser motor de cambio para una sociedad fundada en la justicia, el respeto, la paz y la dignidad de todas las personas; una sociedad en la que se busque el perdón, la reconciliación y el bien de todos.

Juntos tendremos más fuerza y ​​mayor credibilidad, especialmente si perseveramos en nuestras elecciones. Que nuestras acciones no buscan reconocimiento ni se basan en cálculos o intereses. La transformación es lenta, a veces imperceptible, pero si somos constantes, el cambio sucederá, crecerá y se consolidará. El futuro comienza a hacerse presente.